viernes, 31 de mayo de 2013

Homenaje a Jose Balaguer 2013

El pasado sábado 25 de mayo tuvo lugar, como de costumbre en estas fechas, el homenaje a Jose Balaguer. En esta ocasión, la montaña escogida fue la Serreta, que saluda al visitante que viene desde Alicante hacia la hoya de Alcoy. Es una cima peculiar, una larga cresta de vertientes escarpadas que se asemeja a la espalda arqueada de un dragón dormido.

La jornada comenzó en el acceso a la Fuente de la Salud. Los niños tomaron la iniciativa y salieron disparados monte arriba. Tras perdernos un poco, subir por alguna torrentera y cruzar la carretera que lleva a Benimarfull, al fin pusimos los pies cerca de la base del Ull del Moro, un pequeño pico situado en la cara norte de la Serreta. Allí tomamos ya la senda que sube hacia el este atravesando un denso bosque de pinos y carrascas, que nos hicieron el favor de darnos algo de sombra. Bruno nos pidió que encontráramos nuestro centro y mantuviéramos la atención en él durante el ascenso, manteniendo la espalda erquida.

El bosque acaba al llegar al borde de la montaña, donde el camino da un giro de casi 180 grados para ascender ya sobre la despejada cresta rocosa. Desde allí, a nuestro alrededor pudimos observar a vista de pájaro las cimas del Menejador, el Montcabrer, el Benicadell, la Sierra de Aitana y els Plans entre otras. Desde la cima, puede verse incluso el Puig Campana, situado ya casi en la costa.

Paramos a almorzar en el círculo de carrascas que crece justo sobre las ruinas de la entrada al antiguo asentamiento íbero. La sombra es densa y se respira algo de magia entre los gruesos troncos que parecen proteger las ruinas. Allí respiramos aire puro y nos relajamos unos momentos antes de seguir nuestro camino hacia la cima. Pasamos junto al monumento a Camilo Visedo, descubridor del yacimiento, y más adelante cruzamos por en medio de los restos de una torre de vigilancia.

Pocos minutos más tarde, caminando sobre roca viva, llegamos al vértice geodésico que indica el punto más alto de la montaña, a unos 1.051 metros de altitud. La Serreta es un lugar cargado de un poder que se siente en el aire. Tal vez fue eso lo que llevó a los íberos a construir allí, además del poblado, uno de los santuarios más importantes de la época. Junto al vértice se preparó la placa para Jose, a quien no llegué a conocer, pero quien debió ser muy querido si los suyos le procuran el honor de estar presente en casi todas las magníficas montañas de la comarca.

Tras esto, tanto adultos como niños hicimos algunos ejercicios de respiración, guiados por Bruno. Seguidamente, grandes y pequeños nos dividimos para crear dos círculos con nuestras manos. Nos centramos en la energía de la naturaleza, en la nuestra propia y en la de los compañeros que teníamos al lado, hasta que el flujo nos envolvió y nos convirtió en un todo. Un om vibrante se alzó desde el círculo, y pareció que el aire y la mismísima montaña vibraban con nosotros. Cuando abrimos los ojos, todo parecía diferente. El cielo, más azul. Los detalles, más nítidos. El mundo era algo sagrado.

El descenso fue mucho más rápido, aunque también algo más accidentado para algunos. De vuelta en la Fuente de la Salud, nos refrescamos en sus aguas y procedimos a compartir una comida entre compañeros que se alargó hasta bien entrada la tarde entre los juegos de los niños y las risas de los mayores. Como siempre, fue una jornada intensa e inolvidable.

Encarni


No hay comentarios: