viernes, 8 de marzo de 2013

CURSO NACIONAL FERNANDO VALERO



Un nuevo año y un nuevo curso del maestro nacional Fernando Valero y de nuevo con los parajes blancos y las montañas nevadas y también de nuevo, supo como calentar el ambiente con un extraordinario curso, esta vez centrado en la armonía con el otro, que no se puede entender sin el concepto del Matsu Kokoro (El corazón de espera), sin precipitación, sin miedo, sin odio, sencillamente aceptando al otro.
                Esta idea empezó trabajándola con el boken, primero individualmente con algún ejercicio de Iaido y después por parejas.
                Dejó bien claro que con este tipo de trabajo no pretendía otra cosa que el armonizarnos con nosotros, con aquello que nos rodea y con el sable. En ese primer ejercicio de iaido realizado en suwari-waza, se partía de la posición de zazen y en el preciso momento de la acción, cerrabas la guardia comprimiéndote en tu centro, para que desde ahí toda esa energía comprimida se proyectase hacía la punta del sable, en un único gesto de estoica simplicidad y elegante pobreza, sin arrogancia; un movimiento, un golpe, un tajo, un solo momento.               
                Una vez entendidos y sí no entendidos al menos intuidos, estos conceptos e ideas, procedió a aplicarlos a las técnicas de Aikido, enfatizando en el desarrollo de la mente, el cuerpo y el espíritu hasta conseguir la completa armonía, que era la idea del curso.
                En cada técnica que realizábamos, incidía personalmente en que no cultivásemos sólo la parte física de la misma, la mental o la espiritual, sino que las armonizásemos entre ellas y con la acción de uke sin separarlas del entorno, que también podía influir en el desenlace final de la misma.
                Todo esto no se puede entender si no se tiene en cuenta, la primacía de nuestra actitud, la correcta posición y postura así como la precisión a la hora de ejecutar la técnica. 
                Al final lo que sí que quedo claro es que debíamos trabajar la correcta utilización del aiki (armonía con el espíritu) a través de los distintos waza (técnicas), viviendo ese momento, sin pensar, utilizando el instinto en los hábitos ya adquiridos, en movimientos reflejos.
                Ya para finalizar agradecer un año más a Fernando Valero, este curso de un elevadísimo nivel, valorando ese estilo personal que se caracteriza por la naturalidad, sencillez, sutileza y austeridad en los movimientos y el abandono de todo lo superfluo para quedarse con lo importante, así como la aparente asimetría de su técnica, perfectamente enclavada en ese preciso instante que es el ¡ahora!

Julio Maestre




Sari Aragones

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